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Educación

Un extracto de una bacteria antártica mostró potencial para reparar la piel

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Una investigación del Instituto Clemente Estable y la Universidad de la República identificó un extracto de una bacteria antártica que favorece el cierre de heridas en modelos experimentales.

El trabajo, publicado en la revista Heliyon, aporta evidencias para explorar su posible aplicación en la reparación de la piel.

La cicatrización requiere la coordinación de distintos procesos: las células deben multiplicarse, desplazarse hacia la zona dañada y reconstruir el tejido. Comprender cómo estimular estos mecanismos es parte de la búsqueda de nuevas alternativas para tratar heridas que presentan dificultades para cerrar.

El equipo evaluó extractos de doce bacterias antárticas y seleccionó uno obtenido de Sphingomonas sp. UV9 para estudiarlo en profundidad. Los microorganismos que habitan la Antártida cuentan con adaptaciones para sobrevivir en condiciones extremas, y algunas de sus moléculas despiertan interés por sus posibles aplicaciones biotecnológicas.

De los cultivos celulares al modelo animal

En cultivos de queratinocitos humanos —células que forman la mayor parte de la epidermis, la capa más externa de la piel—, el extracto favoreció el cierre de un espacio libre de células utilizado como modelo de herida. Los resultados mostraron que estimuló procesos de multiplicación y desplazamiento celular. Además, presentó capacidad antioxidante y, en las condiciones evaluadas, el extracto no afectó la supervivencia de las células ni aumentó la presencia de micronúcleos: pequeñas estructuras que contienen material genético fuera del núcleo principal y cuya aparición puede indicar daño en los cromosomas.

El equipo también estudió su efecto en heridas de piel en ratas. La aplicación del extracto en un gel favoreció el cierre de las lesiones, con diferencias respecto al grupo de control a partir del octavo día de tratamiento.

Estos resultados corresponden a una etapa preclínica: todavía se necesita identificar los compuestos responsables de la actividad observada y profundizar en sus mecanismos de acción. El estudio no evaluó su uso como tratamiento en personas.

Un trabajo entre equipos e instituciones

Por el Departamento de Genética del Instituto Clemente Estable participaron Hany Pazos-Espinosa, Silvina Acosta, Wilner Martínez-López, Diego Alem y Lucía Canclini. 

El trabajo contó, además, con la participación de investigadores de varias facultades de la Universidad de la República: Eugenia Vila, de Facultad de Ingeniería; Gustavo Mourglia-Ettlin, de Facultad de Química; Susana Castro-Sowinski y Juan J. Marizcurrena, de Facultad de Ciencias; y Francisco Garagorry, del Hospital de Clínicas, Facultad de Medicina. 

La investigación contó con apoyo de Pedeciba y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación. El artículo está dedicado a la memoria de Danilo Davyt por su aporte y dedicación al trabajo.

Fuente: MEC.

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