RAÍCES INDÍGENAS PASADO – PRESENTE – FUTURO

La actual República Oriental del Uruguay fue concebida formalmente como la asociación política de todos los ciudadanos comprendidos en un territorio que en su momento -1830- no tenía definidas sus fronteras. De acuerdo al marco teórico de origen liberal europeo que inspiró a nuestra primera carta constitucional, los ciudadanos de entonces eran varones libres, letrados y propietarios de capitales o con profesiones u oficios. Estas condiciones para el ejercicio de la ciudadanía, dejaban afuera a la enorme mayoría de la población y no admitía como protagonistas activos a quienes no compartieran sus orígenes ni valores culturales. La élite social y política que asumió la dirección de nuevo país a lo largo de un convulso proceso histórico fue, desarrollando la organización de un Estado previsto para un tipo de sociedad inspirada en un modelo europeo que se impuso a la población a través de la transmisión de determinados usos y costumbres promovidos, desde las clases privilegiadas, a través de la transmisión doméstica, el comercio, la prensa, la literatura, las artes visuales y, especialmente, desde la educación pública que se organizó desde las últimas décadas del siglo XIX. Desde entonces, se generó una autopercepción de la sociedad uruguaya relativamente homogénea a partir de un relato hegemónico que se desarrolló en torno al culto de grandes episodios épicos liderados por destacadas figuras del ámbito político y militar, constructores de una identidad colectiva que nos hacía distintos del resto del continente. Una de las características que esa pretendida excepcionalidad era la creencia en que el origen de la gran mayoría de los uruguayos era de origen europeo y que apenas quedaban vestigios materiales de los pueblos originarios que se habían extinguido al resistirse, sin éxito, ante el avance del progreso y de un estilo de vida moderno. La visión que se difundió de los indígenas del actual territorio uruguayo fue recreada con una visión nostálgica y romantizada a través del arte, pero sin asumir el exterminio violento del que fueron víctimas sus comunidades y la aculturación e invisibilización a la que fueron sometidos sus sobrevivientes.
Esta visión dominante de la cultura uruguaya entró en crisis desde las últimas décadas del siglo XX ante el desarrollo de disciplinas científicas como la antropología, la arqueología, la genética, que acompañaron cambios en la sensibilidad colectiva e hicieron posible el reconocimiento progresivo de una identidad cultural diversa que reconoce la presencia, no sólo de un origen extra continental sino también autóctono, presente no sólo en la toponimia y los cada vez más numerosos vestigios arqueológicos que se han reconocido e investigado, sino también en la permanencia viva en la población a través de irrefutables pruebas de mestizaje que ya no se ocultan, así como de diversas prácticas culturales. En este contexto se enmarca el eje temático propuesto para la edición 2026 de los Días del Patrimonio. De esta manera aspiramos a contribuir en la reflexión colectiva a través de los aportes de distintos investigadores que destacan la importancia de la presencia de los primeros pobladores de nuestro actual territorio nacional, la peripecia del relato de su devenir histórico, así como la invalorable participación de descendientes de aquellos pobladores violentados que sobrevivieron para contarnos que están presentes y activos en la actualidad, con la intención de reivindicar su visión del mundo en la construcción de una identidad colectiva de los uruguayos diversa, plural y democrática, que no sólo se inspira en esquemas pretendidamente universales sino que reconoce la complejidad de sus raíces para contribuir a las necesidades del complejo tiempo en que vivimos.
Prof. Marcel Suárez
Director General de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.
Fuente: MEC.
