Recordamos a José Cúneo Perinetti

José Cúneo Perinetti
Iniciado en las artes plásticas bajo la guía de Carlos María Herrera en el Círculo de Bellas Artes, Cúneo consolidó su talento a través de sucesivos viajes de formación a Europa. En centros de vanguardia como Turín y París —estudiando en la reputada Academia Vitti y La Grande Chaumière junto a maestros como Anglada Camarasa y Kees van Dongen— absorbió las corrientes modernas que luego volcaría en la escena local.
A su regreso al país, tras plasmar el paisaje nativo en departamentos como Treinta y Tres, Cerro Largo y Maldonado, el artista protagonizó la célebre etapa planista, caracterizada por la síntesis geométrica y la solidez cromática. Sin embargo, su carrera dio un giro decisivo tras su estadía en Cagnes-sur-Mer en 1926 y el deslumbrante descubrimiento de la obra expresionista de Chaim Soutine.
A partir de 1930, afincado en Florida, ese impacto cristalizó en sus icónicas series de «Lunas», «Ranchos» y acuarelas del campo uruguayo: composiciones dramáticas, cargadas de movimiento y cielos vibrantes que se convirtieron en marca registrada del patrimonio visual del Uruguay.
Su compromiso con la cultura se reflejó también en la docencia (en el Círculo y la Escuela Nacional de Bellas Artes) y en un espíritu inquieto que nunca dejó de reinventarse. Ya consagrado con distinciones como el Gran Premio Nacional (1953) y premios en la Bienal de San Pablo (1969), Cúneo incursionó a mediados de siglo en la abstracción, etapa vanguardista que firmó bajo el apellido materno, Perinetti. Muere en Alemania en julio de 1977.
A 139 años de su nacimiento, parte de su legado permanece vivo gracias a la labor de conservación del Archivo General de la Nación.
Fuente: MEC.
