¿Que gane el mejor?

Cuando varios de los aspirantes que concursaron este año para ingresar al Servicio Exterior entraron a la web del Ministerio de Relaciones Exteriores este martes para conocer los resultados finales del concurso se encontraron con una sorpresa totalmente inesperada.

En las columnas que detallan el puntaje asignado para cada parte del concurso (prueba escrita, idioma inglés, idioma opcional, prueba oral y méritos) había un nuevo ítem que asignaba puntaje a los concursantes que no estaba previsto dentro de las bases del concurso y que jamás se había adjudicado antes. La irregularidad que estableció un cambio en las reglas de juego iniciales terminó beneficiando a tres concursantes que sin esos puntos no habrían podido llegar a 70 (el mínimo para ingresar), entre ellos el hijo de una embajadora con vínculos con el oficialismo, cuya designación en 2014 como embajadora en Panamá generó una tormenta en la cancillería.

Para ingresar al Servicio Exterior es necesario pasar por un largo proceso que se inicia con la inscripción, para lo cual hay que dar con determinados requisitos. Los documentos que hay que presentar de forma obligatoria, según las bases, son: cédula de identidad, pasaporte, credencial cívica, constancia de jura de fidelidad de la bandera nacional (en casos particulares), certificado de antecedentes judiciales, currículum vitae, dos fotos carné, una carta de motivación y el título de educación universitaria de una carrera con un mínimo de cuatro años de duración (Licenciatura), expedido por universidades legalmente habilitadas en Uruguay o en el extranjero (con su correspondiente legalización y apostilla).

Esta documentación constituye un requisito básico para el inicio del concurso y solo una vez que la cancillería verifica que todo está en orden el participante puede participar. En las bases se dice expresamente que esta instancia “no suma para el puntaje final”.

El concurso comienza formalmente con una prueba eliminatoria de idioma español, cuyo resultado no computa para el orden final que dicta el listado de precedencia. Luego sí comienzan las pruebas por puntos. Sobre un máximo de 100, el concurso se divide en cinco partes: la prueba escrita (37%), el idioma inglés (18%), un idioma opcional (5%), la prueba oral (37%) y los méritos (3%).

Las bases dicen expresamente que la valoración de los méritos constituye hasta el 3% del total. ¿Qué constituye mérito según el ministerio? Título universitario de grado adicional al presentado, diploma universitario de posgrado, título universitario de posgrado, docencia universitaria en actividad y aspirantía docente en actividad.

En contravención de lo establecido en las bases, la cancillería decidió de forma arbitraria adjudicar dos puntos a todos los concursantes que llegaron a la instancia final del concurso. En la columna de méritos figura, además de la posibilidad de llegar al 3%, una columna que otorga dos puntos a todos los concursantes solamente por haber presentado el título universitario, que era uno de los requisitos para poder concursar. No hay ningún lugar de las bases en donde se prevea esta posibilidad. En otras palabras, es como si a los concursantes los hubieran premiado con dos puntos por presentar la cédula de identidad. Esta acción de la administración provocó la particular situación de que el concurso terminó siendo sobre un máximo de 102 puntos en vez de 100, tal como establecían las reglas de juego iniciales. Al menos en los últimos siete concursos –entre 2012 y 2018- no se hizo uso de esta arbitrariedad según constató El Observador cotejando los resultados finales de otros años.

Consultado por esta irregularidad, el director del Instituto Artigas del Servicio Exterior (IASE), embajador Alberto Guani, dijo a El Observador que no tenía comentarios para hacer.

Este acto de las autoridades del ministerio benefició a tres concursantes que sin esos dos puntos no hubieran podido llegar a 70, el mínimo para ingresar. El último que aparece en esa lista es Santiago España Bombau (70,17), hijo de Ana María Bombau, embajadora de Uruguay en Panamá.

La historia de Bombau dentro de la cancillería es controversial. Comenzó como funcionaria administrativa de la casa y luego pasó al Servicio Exterior en una época en la que se permitían que los administrativos cambiaran de escalafón. Siendo consejera, Bombau fue designada como directora de Protocolo durante la cancillería de Luis Almagro y en 2014 salió como embajadora política del Frente Amplio en Panamá. De hecho, Bombau constituye uno de los pocos casos en que, siendo funcionaria de la casa y teniendo un rango relativamente bajo en la jerarquía del ministerio, logró ser embajadora política. En su momento, la nominación generó una pequeña tormenta en la interna del ministerio que incluso ameritó la participación de gremio de los diplomáticos (Afuseu).

Fuentes diplomáticas dijeron a El Observador que Bombau tiene llegada a la cúpula del Movimiento de Participación Popular (MPP): la vicepresidenta Lucía Topolansky y el expresidente José Mujica. De hecho fue en el gobierno de Mujica cuando la funcionaria tuvo su inesperada promoción.

Los dos puntos por presentar un requisito no son el único elemento de extrañeza que presentó este concurso. Tal como había informado El Observador, durante la prueba psicotécnica –nuevamente eliminatoria desde 2017– quedaron fuera el 50% de los concursantes, una cifra que sorprendió al directo del IASE por lo elevada.

Esa prueba comenzaba con un formulario de nueve páginas que incluía datos básicos personales y laborales pero también preguntas muy íntimas. Por ejemplo, se preguntaba si recientemente murió algún amigo o familiar del concursante y se pedía establecer el motivo del deceso; si el postulante hizo terapia psicológica alguna vez con detalles sobre las razones y el tiempo de la terapia; si el concursante tiene redes sociales y para qué las usa; si tiene amigos y dónde los conoció; y qué pensaba la familia del concursante sobre su postulación al Servicio Exterior. También se pedía el detalle de cuántas veces se mudó, por qué, a dónde, con quién y qué le hizo sentir cada una de esas experiencias.

De las 17 vacantes generadas se llenaron 11 y hubieran sido solo 8 en caso de que la administración no hubiera decidido agregar dos puntos más. Quienes vuelvan a dar este concurso el próximo año deberán preguntar si la presentación del título de grado les acredita dos puntos de forma automática, además de demostrar conocimiento sobre la función para la que se candidatean y pasar el filtro de la aptitud psicológica.

Observador